Conferencias y formaciones a medida

Entre lo que te pasa y lo que decides hay una distancia. Ahí se juega tu liderazgo.

Casi nadie mira esa distancia. Yo llevo más de treinta años haciéndolo en el tenis profesional: donde se decide solo, sin equipo detrás, y cada error lleva tu nombre. Es la misma presión desde la que decide quien dirige. Por eso hoy trabajo con líderes, equipos directivos y organizaciones que necesitan decidir mejor cuando aprieta.

No empieza como una crisis.

Empieza con reuniones que no cierran. Decisiones que aplazas. Gente que se protege más de lo que avanza. Y tú, sosteniendo demasiado por dentro y mostrando demasiado poco por fuera.

El problema casi nunca está en la estrategia. Está en el sitio desde donde la estás leyendo.

Por fuera, todo funciona. Esa suele ser la parte que engaña.

Has llegado donde casi nadie llega. Decides, respondes cuando los demás se bloquean, y desde fuera se ve un líder que lo tiene resuelto.

Pero llevas tanto tiempo respondiendo a la presión de la misma manera que ya no te parece una decisión: te parece tu carácter. Crees que reaccionas a lo que pasa. En realidad reaccionas a lo que te cuentas sobre lo que pasa, en ese medio segundo en que nadie te ve pensar. Y eso, repetido durante años, ha construido al líder que eres y la cultura que respira tu gente.

Nadie te enseñó a mirar ese medio segundo. No estaba en el colegio, no estaba en el MBA. Y cuanto más alto llegas, menos gente queda dispuesta a decirte la verdad sobre cómo estás. De eso vengo a hablar.

«Un tenista solo juega una pequeña parte del partido. El resto del tiempo está solo con su cabeza.»

En una empresa pasa igual. La reunión es solo una parte. Lo que decide cómo entras, cómo escuchas, cómo respondes y cómo cierras ocurre antes, cuando nadie te ve. Ahí es donde trabajo.

No vengo a motivar. La motivación se evapora. El mecanismo se queda.

Una buena charla motivacional te deja en alto un martes. El jueves la vida ya te devolvió a tu sitio. Lo sabes porque lo has vivido, en ti o en tu equipo.

Lo que cambia una decisión no es la emoción del momento, es entender la maquinaria que hay debajo: cómo tu cabeza convierte lo que pasa en lo que sientes, y lo que sientes en lo que haces, casi siempre sin que lo decidas. Cuando ves ese engranaje, ya no puedes dejar de verlo. Y eso no se evapora el jueves.

El tenis entra como laboratorio —más de tres décadas observando qué le pasa a una mente cuando no se puede permitir fallar— y nunca como anécdota para aplaudir. No me interesa que salgas animado. Me interesa que salgas viendo algo que antes no veías.

LAS CUATRO CONVERSACIONES

Cuatro conversaciones, no la misma con cuatro nombres.

Cada una entra por un sitio distinto, aprieta una tecla distinta y deja una herramienta distinta.

Tres son conferencias: suben a un escenario y funcionan ante el público que quieras reunir —tu equipo directivo, tu primera línea, toda tu organización en su encuentro anual—. La cuarta juega en otra liga: no hay escenario, es una sala pequeña y cerrada, y la verás más abajo. Empieza por donde a tu organización le haga falta.

CONFERENCIA

Por qué respondes como respondes

Pasa algo y respondes. Saltas, te cierras, empujas, callas. Siempre del mismo modo, sin pensarlo, como si alguien apretara un botón que tú no ves apretar. Y un día miras a tu equipo y los ves reaccionar igual que tú, sin caer en que llevan tiempo copiando una película que tú proyectas y que ni sabías que estabas proyectando.

Crees que respondes a lo que pasa. Respondes a lo que te cuentas sobre lo que pasa. Y la pregunta que casi nadie se hace es esta: entre lo que te ocurre y lo que haces, ¿qué te estás contando sin enterarte? Esta conversación va de mirar ahí. Es la raíz: lo demás viene después.

CONFERENCIA

Liderazgo cuando nadie te sostiene a ti

Sostienes al equipo, los números, las expectativas, a la gente que cuenta con que tú no falles. Eres el punto de apoyo de todos. Y un día, sin avisar, te asalta la pregunta que no aparece en ninguna agenda: sostienes a todos, ¿quién, o qué, te sostiene a ti?

Estar arriba no te hace más fuerte. Solo hace que todos den por hecho que tú estás bien por defecto, empezando por ti mismo. Esta conversación va de esa soledad —la real, la que no se menciona en los comités— y del cimiento sobre el que decides cuando todo aprieta. Porque ese cimiento, el tuyo, acaba pesando en tus decisiones más que toda tu estrategia junta.

CONFERENCIA

Rendir sin perderte

Cumples, respondes, estás disponible, no fallas. Por fuera, impecable. Y hay días en que por dentro ya no queda casi nadie, aunque no lo digas en voz alta, ni siquiera a ti mismo.

La gente más capaz es la que más fácil se engaña, porque su motor aguanta tanto que tarda en notar lo que se está dejando por el camino. Confunde esfuerzo con avance, disponibilidad con valor, aguantar con rendir. Hasta que el cuerpo presenta, de golpe, la factura que la cabeza llevaba años aplazando. Esta conversación va de aprender a leer esa factura antes de que llegue, y de decidir tú el límite, mientras todavía es una decisión y no un aviso.

CONVERSACIÓN EN GRUPO REDUCIDO

La conversación que un líder no tiene con nadie

Hay una pregunta que un líder no se hace casi nunca. No «qué decido», sino «desde dónde lo estoy decidiendo». Porque no decides igual desde la calma que desde el miedo, ni desde la serenidad que desde la herida que te dejó la reunión anterior. Lo que decides lo revisas mil veces. Desde dónde lo decides no lo miras nunca.

Esto no es una conferencia. No hay escenario ni pizarra. Es una sala pequeña donde todos cargan con lo mismo: la decisión final, sin red y sin nadie por encima. Ahí, entre iguales, se mira en directo lo que en un escenario nadie miraría de verdad: desde dónde decides, y cómo cambiar ese sitio justo antes de una decisión que importa. A ese lugar no acompaña nadie. Por eso es, literalmente, la conversación que un líder no tiene con nadie.

Miki Obradors facilitando una conversación con un grupo reducido de líderes.

En 2021, el día que cumplí 45, una doctora me dijo que cambiar mi forma de pensar era la condición para seguir vivo. No era una imagen bonita ni una metáfora de coach. Era literal. Así que cuando hablo de cómo decide una cabeza bajo presión, no estoy citando a nadie: estoy contando lo que me mantuvo de pie.

Llevo más de treinta años en el tenis profesional, y conviene entender por qué eso le sirve a una empresa. El tenis es un deporte individual. No hay vestuario donde refugiarte, ni compañero a quien pasarle la pelota cuando quema. Cada punto lo juegas tú, cada error lleva tu nombre, y cuando el marcador se tuerce lo único que te queda es la cabeza: o la tienes ordenada, o pierdes. No hay tercera opción. Esa es, exactamente, la silla en la que se sienta quien dirige una organización un martes cualquiera.

Vengo del alto rendimiento. Y sigo ahí. Hoy acompaño a quienes toman las decisiones difíciles —fundadores, directivos, gente que carga con el peso de decidir—. Soy autor de «Piensa Útil» y «¿Cómo no cagarte la vida?», y la persona mejor posicionada de Costa Rica en LinkedIn en liderazgo y estrategia. Pero nada de eso te dirá tanto de mí como lo primero que te he contado.

Cuéntame qué está atravesando tu gente. Desde ahí elegimos.

No hace falta que vengas con la conferencia decidida. Mejor ven con el contexto: qué está pasando, qué quieres mover y qué conversación te está costando tener. Con eso encontramos lo que encaja. Y si resulta que ninguna de las cuatro es lo que necesitas, te lo digo y buscamos otra cosa. No estoy aquí para llenar una agenda; estoy aquí para que ese día sirva para algo.

Y a veces, esa conversación no termina en el escenario. Sigue en privado, de uno a uno. Si es tu caso, aquí te cuento cómo trabajo la mentoría.